Para aumentar la productividad en una fábrica de alimentación, conviene empezar por medir dónde se pierde el tiempo, no por comprar más maquinaria. En nuestra experiencia, la capacidad se escapa en los cambios de formato, las mermas y las paradas.
En el artículo de hoy repasamos qué frena el rendimiento de una planta, cómo medirlo con el OEE y qué estrategias funcionan sin poner en riesgo la seguridad alimentaria. ¿Nos acompañas?
¿Qué frena la productividad en una fábrica de alimentación?
Una línea rara vez pierde capacidad por un gran fallo. Lo habitual son múltiples pequeños defectos que nadie nota. Estas son las tres fuentes de problemas que más nos encontramos.
Cambios de formato y referencias frecuentes
En plantas con muchas referencias, un cambio de formato puede llevar entre 30 y 90 minutos. Si la línea cambia cuatro veces por turno, hablamos de hasta dos horas sin producir.
Además, cada operario hace el cambio a su manera. Con los mismos ajustes, los tiempos varían mucho de un turno a otro porque no está estandarizado.
Mermas y desperdicio de producto
Una merma del 3% en una línea que mueve 500.000 € de producto al mes equivale a 15.000 € que acaban en el contenedor. Una auténtica fortuna al final del ejercicio.
Si la parte de producción en papel llega a la oficina al final del turno, nadie sabe en qué momento empezó el problema.
Paradas por limpieza y control de calidad
La limpieza y la desinfección entre producciones son obligatorias. El problema aparece cuando la línea se queda en espera hasta que el departamento de calidad de por bueno un lote para continuar con la producción.
¿Cómo medir la productividad en una planta alimentaria?
Medir bien es el primer paso para aumentar la productividad en una fábrica de alimentación. El indicador de referencia es el OEE, que multiplica disponibilidad, rendimiento y calidad.
Imagina una línea con un 85% de disponibilidad, un 80% de rendimiento y un 97% de producto conforme. Su OEE es del 66%. El objetivo debería ser el 85%, pero muchas plantas alimenticias se mueven entre el 55% y el 70%.
Registrar cada parada es la herramienta más útil para saber qué atacar en primer lugar.
Estrategias para aumentar la productividad sin comprometer la seguridad alimentaria
Ninguna mejora vale la pena si pone en riesgo el producto. Por eso estas tres estrategias han sido diseñadas para asegurar el control:
Reducir los tiempos de cambio de formato
La técnica SMED (Single-Minute Exchange of Die) separa las tareas que exigen la máquina parada de las que puedes hacer con la línea en marcha.
Después, convierte el cambio en una lista de verificación digital con tiempos objetivo. En las plantas donde lo implantamos, solemos ver reducciones de entre el 20% y el 40%.
Digitalizar el control de calidad y la trazabilidad de lotes
Anotar los puntos de control del APPCC (Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico) en una tableta junto a la línea evita errores de transcripción. Si un valor sale del rango, el sistema avisa al instante.
Lo mismo vale para la trazabilidad de lotes. Al vincular cada lote de materia prima con el de producto terminado, un simulacro de retirada pasa de durar horas a durar minutos.
Planificar la producción según la demanda real
Conectar el ERP con la planta te muestra pedidos y avance en la misma pantalla, sin hojas de cálculo intermedias.
Y añade un criterio sencillo pero muy importante, y es que agrupa referencias por alérgenos. Producir primero las que no los contienen reduce las limpiezas profundas.
Cómo un software MES mejora la productividad en alimentación
Un software MES controla y registra la producción en planta. Conecta con los PLC (Programmable Logic Controller, el autómata de cada máquina) y con los operarios, y recoge tiempos, paradas y mermas sin papel de por medio.
En MESbook lo comprobamos en cada implantación en alimentación. En las primeras semanas, la planta descubre microparadas y esperas que nadie veía, y empieza a corregirlas con datos.
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